Macho Sigma

05.09.2021

El comportamiento humano en sociedad responde a algunos parámetros que pueden ser observados en el mundo animal. Como seres gregarios, hemos diseñado una suerte de mecanismos sociales destinados a la interacción con otros y con nuestro entorno, creados como respuesta a ciertas situaciones y al trato entre semejantes y diferentes. Estos comportamientos pueden ser artificiales o adquiridos (aprendidos a lo largo de nuestra vida) o pueden ser innatos (heredados o naturales).

En la naturaleza, así como en sociedad, creamos diversos patrones a partir de estímulos externos que condicionan nuestro tipo de comportamiento.

¿Alguna vez te has preguntado por qué la gente de la Antigüedad era más inteligente que tus semejantes contemporáneos?

Si estimamos la inteligencia en base al CI nos llevaremos una sorpresa agridulce al evidenciar que el humano del siglo XXI es notablemente más "inteligente" que el humano del Paleolítico. La realidad, es que nosotros somos capaces de razonar mucho mejor que nuestros antepasados. La pregunta parte de una base errónea pues no eran más inteligentes per se, sino que estaban más acondicionados a un entorno de vida hostil. Lo hemos dicho muchas veces, la naturaleza no perdona la debilidad.

El vivir en una sociedad alejada de las comodidades y distracciones modernas dotaba de un especial ingenio a nuestros antepasados, elevando su grado de condicionamiento tanto social como natural a unos niveles incomprensibles para nosotros, y es que el conocimiento es poder. Unos podían sobrevivir dependiendo de su fuerza mientras que otros podían hacerlo a partir de su ingenio, pues en ocasiones una tarde pensando te libra de una vida de duras tareas.

Este tipo de situaciones pueden darse también hoy en día en entornos hostiles como las prisiones o las zonas de guerra. En estas áreas, carentes de los lujos del mundo moderno que disfrutamos diariamente, el humano debe explotar su inteligencia y su fuerza para poder sobrevivir. No solo disminuyen los tiempos de reacción cerebrales ante posibles amenazas (sensación de constante estado de alerta) y pensamos con una mayor rapidez, sino que activamos la hormona de crecimiento ante situaciones de peligro extremo.

¿Nunca te has preguntado cómo la gente en las cárceles, practicando el mismo deporte que puedes hacer tú, pero sin suplementos alimenticios ni dietas, es capaz de desarrollar un físico equilibrado y hasta poderoso? Al vivir en entornos hostiles estamos más cercanos a comprender lo que era la vida en los tiempos primitivos.

En otras palabras y dejando las sutilezas aparte, o te adaptas a tu entorno o estás muerto.

O como solemos decir en estos lares: "ser débil no es algo malo, la debilidad deliberada lo es".

Es aquí donde entran en escenas los sistemas sociales. Estos no son otra cosa que la serie de comportamientos a los que nos hemos referido materializados en una serie de normas morales que dan lugar al funcionamiento en sociedad. El debate que surge entre Thomas Hobbes y Jacques Rousseau responde precisamente a la creación de los primeros sistemas sociales y sobre la propia concepción del hombre que había dado a luz a estas nuevas realidades políticas. ¿Era el hombre bueno por naturaleza y se perjudicaba en sociedad o por el contrario el hombre era malvado y el Estado (el Leviatán) era un mal necesario para garantizar la convivencia?

La realidad del hombre es que este no se distancia tanto de los animales como los pensadores ilustrados podrían llegar a pensar en su arrogancia. El tema no es la bondad o la maldad innata del hombre, sino una mera cuestión de supervivencia. Los hombres necesitaban agruparse en pequeñas comunidades para poder garantizar su supervivencia en un entorno hostil y agresivo; las reglas morales que predominaban entre ellos son las mismas que podemos encontrar entre los propios animales, entendiendo así que delitos tales como el asesinato o el robo fuesen contemplados ya en aquel entonces (una sociedad que estaba aún a miles de años de descubrir tan siquiera la rueda o la escritura) como un crimen contra la naturaleza. ¡Y es que esos delitos son un crimen contra la naturaleza! ¿Acaso el asesinato de un miembro del clan o el robo de las propiedades del mismo no limitan la esperanza de vida del grupo y los expone a un mayor número de dificultades?

Atentar contra la vida de un hombre del mismo clan era automáticamente perder a un potencial cazador, recolector o simplemente a un reproductor que diese un mayor número de hijos al grupo. En pocas palabras, el mannerbünd era el motor que ponía en movimiento al sistema y, por ende, los hombres elaboran los primeros Estados en base a su propia naturaleza, imitando el comportamiento de los animales.

Sintetizando, los hombres y su espíritu animal dan lugar a las primeros Estados a su imagen y semejanza como garante de su propia supervivencia. Los patrones de comportamiento y las dinámicas sociales favorecen a la creación de estos grupos siendo la principal base sobre la que se fragua todo lo demás. En este momento, una vez fraguada el sentido de pertenencia al grupo y con las dinámicas sociales aclaradas, es donde comienza a gestarse la estratificación social y con ella, los conceptos que conocemos y vamos a desarrollar de macho alfa, macho beta y sigma.

Generalmente, la estratificación social en un entorno primitivo y más cercano al mundo animal se da en relación a los factores dedicados a la supervivencia, es decir, el mismo grupo de factores con los que se fragua el Estado (la fuerza, la capacidad de conseguir alimento, guiar a la manada, asegurar la supervivencia del grupo...etc.). Sin embargo, veremos que estos factores no suelen cambiar a lo largo de la evolución del hombre por mucho que cambien los medios para obtenerlos.

Si bien es cierto que hoy en día la fuerza no es un factor decisivo para garantizar el sustento de una familia, es un factor para garantizar la integridad y la supervivencia del individuo y del grupo en situación de riesgo. Lo mismo sucede con los dotes de liderazgo, la capacidad de crear riqueza y garantizar trabajo (traducido en alimentar y guiar a la manada), poseer dotes en defensa personal, tener marcadas habilidades en diferentes campos como los negocios, saber hablar en público, entender de diversos campos científicos o técnicos...etc.

Piensa en una figura de éxito para ti, la primera que se te venga a la cabeza sea real o ficticia. Podrás comprobar al instante que esta persona tendrá en su poder varias de estas características.

Estos son los atributos que componen por lo general los llamados "machos alfa", tanto en la sociedad humana como en la sociedad animal.

Los individuos "alfa" son por lo general, seres con una habilidad (innata o aprendida) exclusiva que les concede cierta ventaja sobre sus semejantes en un mundo de competencia, convirtiéndose en figuras de respeto y autoridad, tomando generalmente el rol de conductores del grupo. Socialmente, y es todo un error, se considera hoy en día "macho alfa" al arquetipo del hombre triunfador, vestido en un traje de 6000 euros y con un lambo aparcado en el garaje de su casa de Montecarlo. La realidad es que esto no es del todo cierto. Tenemos la mala costumbre de analizar la vida en términos universales y absoluto cuando la realidad es mucho más concreta. Al relacionarnos y formar nuestros propios grupos o al percibir el resto de grupos humanos, raramente pensaremos en términos globales para definir quién o qué es el "jefe" del grupo. El macho alfa, así como sus cualidades pueden encontrarse en diferentes clases sociales y en una gran infinidad de grupos, pues nuestra forma de trato es completamente tribal.

¿A cuántas personas conoces con las que tienes trato diario? ¿Cuántas personas integran tu grupo de amistades? ¿Cuántas personas dotan por lo general de importancia a tu vida?

El macho dominante, así como el dominado se encuentra aquí y en todo grupo humano. Por supuesto que la imagen sociológica del hombre de negocios y sexualmente exitoso puede responder al pensamiento tradicional del macho alfa, pero no es enteramente cierta. Lo importante es saber tener presente que en cada grupo siempre encontraremos un líder y unos acólitos (otro motivo para destripar la falsa de idea de que la igualdad es inherente al ser humano y que ya hemos tratado en diversos artículos).

Huelga decir que existirán diferentes tipos de individuos con atributos alfas. Los habrá que serán líderes únicamente de un pequeño entorno, así como aquellos con unas dotes más grandes y capaces de ser llevadas a un entorno de influencia mucho más masivo.

Es como comparar al líder de una tribu céltica de Irlanda con un emperador romano. Ambos son líderes, pero la influencia y el grado de poder de uno no es comparable al otro.

La pregunta del millón es: ¿y qué sucede si yo no quiero participar en esta jerarquía?

Aquí es donde entramos en el auténtico meollo que da nombre al artículo y el tema principal del análisis.

En animales tales como los gorilas, los chimpancés, los leones o los lobos se han contemplado pautas de comportamiento que se diferencian completamente de sus semejantes y acaban por dar la espalda a la vida en común optando por crear seguir su propio camino. Estos son potencialmente aquellos que compondrían lo que denominamos como "macho sigma".

¿Por qué empleo el término "potencialmente"? Porque exclusión social, ya sea por decisión propia o por la decisión de terceros, no es automáticamente un rasgo propio de machos sigmas. De hecho, el propio concepto de "macho sigma" (de la misma forma que el de macho alfa) se ha desvirtuado totalmente en la actualidad por culpa de asociaciones como MGTOW y demás, camuflando su carencia de aptitudes sociales en rasgos de liderazgo, empleando generalmente a personas ficticios de película como ejemplo y nunca acudiendo a las explicaciones naturales como realizamos en Senda Übermensch. La realidad es que un individuo solitario y despreocupado con el mundo no es un macho sigma únicamente porque haga alarde de una falsa misantropía por llamar la atención.

Tomando el clásico ejemplo del lobo solitario, este podría ser perfectamente expulsado de la manada al ser inútil para su sustento al carecer completamente de habilidades para ello. De esta forma, es lógico constatar que tanto individuos "beta" como "omega" (es decir, aquellos que no tienen o no explotan aptitudes de liderazgo o dominancia y los serviles) pueden ser perfectamente "sigmas" en apariencia, pero no en comportamiento.

¿Cuál es la realidad del macho sigma?

El macho sigma (u hembra sigma, también existente) es el individuo que, con grandes aptitudes de liderazgo, así como habilidades sobresalientes en la propia dinámica social y cualidades para garantizar la supervivencia y éxito de todos, se desentiende VOLUNTARIAMENTE de participar en la jerarquización social. Simplemente, el macho sigma no quiere o no necesita participar en una dinámica de grupo para sentirse afín consigo mismo, ya sea motivado por el propio egoísmo o por diversas causas exógenas.

El ejemplo más notable lo tenemos en la vida animal y para sorpresa de todos no es ni el lobo, ni el chimpancé, ni el tigre ni el león. Es el tiburón el sigma por excelencia.

Si bien el resto de animales presentados pueden tener entre sus filas diversos casos de machos y hembras sigmas, no es ni de lejos algo tan generalizado como los tiburones.

La vida de un tiburón se resume en una máxima muy clara: la supervivencia del más apto. Estos no suelen formar manadas, pues prefieren la soledad y cuidar de ellos mismos al reconocerse como ÚNICA AUTORIDAD. No son territoriales, el océano entero les pertenece y no se atarán jamás a unas fronteras delimitadas por otras manadas de diferentes animales, sino que las atravesarán e impondrán su voluntad a la fuerza. Las crías son forzadas desde su nacimiento a buscar su propio sustento como una prueba eugenésica de que son aptas para la vida del sigma de los mares.

Los tiburones solo cazarán juntos si la situación lo requiere y apenas interactuarán entre ellos más que en ocasiones puntuales como la reproducción, la cual suele darse de forma violenta en una competición entre machos por la hembra.

¿Tienen una estructura social? Es un debate abierto pues dado que apenas pasan tiempo juntos no se puede saber a ciencia cierta pero debido a que suelen darse interacciones entre ellos, es obvio que existe un cierto rango jerárquico, aunque mucho más abierto que el resto de animales que hemos podido constatar con este comportamiento. Es en su totalidad, una agrupación de sigmas.

En resumidas cuentas, los tiburones ejemplifican a todas luces lo que son las virtudes del macho sigma:

  • Completa libertad
  • Valores y comportamientos propios alejados de las imposiciones sociales del grupo
  • Condicionamiento a una vida hostil
  • Capacidad para liderar no ejercida por voluntad personal
  • Dueños absolutos de sí mismos acarreando con sus consecuencias

Alejados de los cánones artificiales por frustrados sexuales que tratan de camuflarse en la figura del clásico rebelde sin causa como prototipo de macho sigma, la realidad se nos muestra mucho más ácida. Casi parece una respuesta poco atractiva, ¿quién querría ser un sigma si no acarrea más que responsabilidades y una vida ascética y solitaria en la mayoría de los casos?

Esta es la gran diferencia entre ser y aparentar. Una sociedad como la que el ser humano no podría haber sido construida de haber exclusivamente individuos de esta índole, pues como decía Aristóteles: "aquel que desea vivir fuera de la sociedad es o un genio o un loco"; mas tampoco podríamos entender la historia sin estos reyes sin corona que desafiaron las normas de la sociedad de su época y trasgredieron el sistema de valores para imponer una voluntad triunfante.

¿Tenemos ejemplos de machos sigmas a lo largo de la historia?

Miles. Desde hombres como Alejandro Magno a mujeres como Doña Urraca, pasando por presidentes norteamericanos como Theodore Roosevelt a genios científicos y escritores de renombre como Nikola Tesla y Ernst Hemingway. Militares como Rommel y Patton, filósofos como Nietzsche llegando hasta novelistas como Jünger.

La sociedad espartana prácticamente imitaba el modo de vida de los tiburones, aunque sintetizando este en un deber para con el grupo una vez alcanzada la edad adulta (una unión entre el sigma y el alfa en toda regla). La propia conquista del Oeste y sus emblemáticas leyendas como Joaquín Murrieta, Jesse James, Wyatt Earp y Doc Holliday son una interpretación fidedigna y absolutamente clara de los valores de un macho sigma, aunque será el filósofo alemán, Friederich Nietzsche el que más claramente evidenciará los rasgos de un macho sigma en su imagen del superhombre junto a Max Stirner.

Un lector hábil podría apuntar: "pero todos esos ejemplos participaron en sociedad, no se alejaron de ella". Y tendría razón, ¿pero convivieron según las leyes de esta o sobre la de ellos mismos? ¿se guiaban por sus valores o por los valores impuestos por otros? ¿a quién guardaban últimamente lealtad?

Esa es la moral del macho sigma.

Voluntad de poder y libre albedrío. El mundo es tuyo.

Por Víctor Borgia para Senda Übermensch.

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